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Industria automotriz México enfrenta un enorme riesgo automotriz
México enfrenta un enorme riesgo automotriz

Hasta hoy no existe una política que incentive a la producción de vehículos eléctricos

El año pasado, la producción de automóviles en México nuevamente rondó en los 3 millones de unidades, cifra similar a lo producido en 2020 pero más de 800 mil por debajo de los tres años anteriores. Esto significa que el número de automóviles ensamblados en el territorio nacional seguirá en los niveles que estuvo en 2013. Las estimaciones para 2022 no son necesariamente mucho mejores que 2021.

La crisis provocada por la pandemia de Covid-19 se presenta en un momento álgido en las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China que están obligando también a la reconfiguración de las cadenas productivas en el mundo entero, generando un fenómeno de relocalización de las plantas productivas, sobre todo para la fabricación de componentes para automóviles en los niveles de proveeduría T1 y T2.

Sumado a esto, las proyecciones para la fabricación de vehículos eléctricos generarán su propio impacto en las cadenas de valor de una industria que ya está en clara reconfiguración.

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Sin duda, esto no estaba en el plan estratégico de hace algunos años, cuando se vaticinaba que la producción en México alcanzaría los 5 millones de vehículos ligeros en nuestro país, aún incluso sin considerar la revisión del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El reto para la manufactura mexicana va más allá del mercado internacional (recordemos que México exporta 85% de su producción) y se centra ahora en su capacidad de adaptarse a los nuevos requerimientos de una industria que tiende más a la electrificación, a la incorporación de componentes electrónicos y al aligeramiento global de los vehículos.

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No obstante, el mayor aliado y socio comercial de la manufactura automotriz mexicana, Estados Unidos, ya está dando pasos firmes hacia estos nuevos escenarios que juegan a favor, pero también en contra de manera amenazadora. Si bien, por un lado, la relocalización de la producción con la estrategia de reshoring abren oportunidades en México, también se debe considerar que iniciativas como la recién presentada acción de ambos partidos en pro del trabajo conjunto de los Departamentos de Energía y Movilidad, para fomentar la producción de vehículos eléctricos en aquel país (en Europa les llevan mucha ventaja en este terreno), podrían restar oportunidades a los productores T1 y T2 en suelo mexicano para incorporarse a esta tendencia al menos de manera rápida.

Peor aún es que en México no parece existir una política industrial clara en este respecto y las oportunidades de reactivación podrían verse mermadas más aún. Estamos en un momento clave para la industria automotriz nacional y para la manufactura, así como para la economía en general.

Hoy, más que nunca, se requiere de un modelo de triple hélice que enfrente pronto esta situación. Solo queda esperar que el gobierno mexicano tome lectura pronto y, más pronto aún, trabaje con la iniciativa privada para generar los cambios de rumbo que se necesitan en pro de un modelo viable para el desarrollo de la industria automotriz.

 

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