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INVERSIONES ¿Llegarán nuevas plantas automotrices a México?

Baja demanda de vehículos a nivel local, descenso en las ventas a nivel global y falta de estímulos gubernamentales, frenan a la industria

Que lejos parecen ahora aquellos días a finales del 2016, cuando la industria automotriz terminal mexicana (IAT) cerraba el año con repique de campanas, luego de reportar indicadores récord con una producción de 3 mil 466 millones de automóviles y vehículos ligeros, exportaciones por 2 mil 768 millones de unidades, y ventas de mil 607 millones vehículos nuevos en el mercado nacional.

Por supuesto, el buen desempeño de la IAT se reflejaba también en un alto dinamismo del PIB sectorial que, entre el 2010 y el 2016, registró una tasa de crecimiento medio anual (TCMA) de 7.5%, la cual casi triplicaba la TCMA del PIB Total Nacional que en ese período fue de 2.6%.

A su vez, las hazañas de la IAT eran respaldadas por el aún más exitoso desempeño de la Industria Nacional de Autopartes (INA) que en el mismo período vio aumentar su PIB sectorial a una TCMA de 8.8%, y que además de cumplir cabalmente su papel como el eslabón más importante de las cadenas de valor y suministro de la IAT, se permitía exportar el 75% de su producción, que en el 2016 representó ingresos por más de 70 mil millones de dólares.

Pero más allá de los valores y volúmenes de la IAT y de la INA, lo que más inspiraba el entusiasmo de los empresarios y analistas del sector eran las tendencias y los escenarios, muy favorables, que se preveían para el futuro de las vigorosas cadenas de valor que conforman esta industria.

Ahora, pese al impulso del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), se contempla lejano alcanzar niveles de producción y exportación similares a los que se llegaron a presentar en el país, pero más distante se vislumbra la posibilidad de que se logren establecer nuevas armadoras en el territorio nacional, en gran medida, debido a la disminución en la fabricación de vehículos de combustión interna a nivel global, a la baja en la comercialización de estos, así como a la transición que se experimenta el sector con el ensamble de automóviles eléctricos, pero sobre todo a la falta de gobernanza.